Sintetia » ¿Caería el comercio entre Cataluña y España de producirse la independencia? No está nada claro

Sintetia » ¿Caería el comercio entre Cataluña y España de producirse la independencia? No está nada claro.

Abel Fernández11 octubre 2012  

Nunca hubiese pensado que unos resultados de investigación pudiesen tener relevancia en la discusión de política económica, pero lo cierto es que una parte de los temas que han ocupado mi cabeza durante los últimos años parecen estar en el candelero debido a la propuesta de secesión de Cataluña. Primero fueron las transferencias fiscales entre Cataluña y España, y en esta ocasión se trata de la hipotética caída de las exportaciones entre ambos territorios. La discusión en esta ocasión será más técnica de lo habitual, pero me temo que el problema lo requiere.

El debate surge a raíz de la contestación de Sala i Martín a unas declaraciones de Ángel de la Fuente y José Vicente Rodríguez, que afirmaban que el comercio podía descender debido al “efecto borde” o “sesgo doméstico” del comercio internacional. De la Fuente y Rodríguez afirman que las fronteras son un gran obstáculo per se –sin necesidad de aranceles- a la hora de impedir el comercio, y que una separación Cataluña – España podría desplomar las exportaciones hasta un 8%.

En esta ocasión, la teoría y la evidencia empírica están de lado de Sala i Martín: el “efecto borde” (o “sesgo doméstico”) es un efecto debatido en economía internacional pero para el que no existe una explicación satisfactoria. Es cierto que los países comercian consigo mismos más de lo que en apariencia deberían, tras descontar el papel de algunas características observables como la distancia entre nodos, la lengua y la religión común, su accesibilidad, etc. Pero ello no implica que los modelos de gravedad de comercio internacional controlen todas las causas reales por las que ello pueda ser así. Podrían explicar dicho “efecto borde” una buena cantidad de problemas metodológicos que enumero a continuación:

– La omisión de características no observables, como vínculos históricos labrados durante largos años, no correlacionados con la lengua o la religión.

– La no linealidad del “efecto distancia”. Cualquiera que haya estimado modelos de gravedad de economía internacional habrá notado el comportamiento tan extraño que tienen en conjunto el coeficiente del “efecto borde” y el del “efecto distancia”, cuyas respuestas a la omisión o inclusión de su “compañero” parecen estar implicando no linealidades importantes en el papel de la distancia como “proxy” de los costes de comercio.

Problemas de especificación. Como explicaba Sala i Martín, Anderson y Van Wincoop (2003) hallaron parte de la respuesta al explicar que en los modelos han de compararse los costes de exportación de cada país en relación a los costes medios entrantes –para las importaciones- y salientes –para las exportaciones-.

– Más problemas de especificación: la omisión del tamaño relativo de las áreas comerciales a las que está adscrito cada país podría también sesgar los resultados –Por ejemplo, no supone lo mismo el NAFTA para Canadá que para Estados Unidos-. Se trata de un problema que he estudiado en profundidad con dos compañeros, aunque los resultados todavía no son definitivos.

– ¿Cómo tratamos los ceros (es decir, los flujos nulos entre dos países del mundo) en las matrices de comercio internacional? La solución más aceptada hasta la fecha (la estimación por ‘Poisson pseudo-maximum likelihood’ de Santos Silva y Tenreyro) parece producir estimadores sesgados, según ha demostrado Peter Egger.

– El error sistemático en la medición de las exportaciones, un error correlacionado con el tamaño de los países: para ser considerado “exportación”, un martillo debe viajar poco más de 100 Km si se produce en Bruselas y más de 1.000 si se produce en Kansas, lo cual no sucedería si se considerasen los Estados de EEUU como independientes a la hora de computar flujos de comercio.

Todos estos problemas son solo la cabeza de un problema mucho más importante: la endogeneidad en la estimación de nuestros modelos. La clásica (aunque a menudo mal utilizada) queja de que la correlación no implica causalidad cobra aquí un papel más importante, ya que parece lógico que la formación y la escisión de países responda precisamente a la fuerza de los vínculos comerciales. Es decir, bien podría ser que las zonas que comercian mucho entre sí, por los motivos que sea, sean mucho más proclives a unirse bajo una misma bandera y a mantener dicho vínculo.

¿Y cómo se soluciona el problema de la endogeneidad en los trabajos empíricos? La verdad es que tiene por lo general difícil solución. Uno debe buscar fuentes exógenas de variación (algo parecido a un pseudo-experimento) en el fenómeno que explica nuestra variable de interés. Como en este caso pretendemos conocer el efecto de la formación o disolución de fronteras sobre el comercio internacional, deberíamos buscar casos históricos de formación y disolución de países por motivos claramente exógenos a los comerciales… para los que tengamos buenos datos bilaterales (de cada país a cada país) de comercio internacional (lo cual excluye prácticamente toda nuestra historia hasta 1960, más o menos) y que funcionasen bajo sistemas de mercado (lo cual excluye la experiencia de la formación y disolución del bloque comunista). Demasiadas limitaciones y problemas. Quizás la separación de Eslovaquia y Chequia podría arrojar algo de luz, pero claro, se trataría de un único dato; demasiada poca información para extraer ninguna conclusión robusta.

Mi resumen de este problema es que los economistas sabemos muy poco sobre el mismo; se trata de un tema en el que existen fuertes debates metodológicos y barreras difíciles de salvar en los trabajos empíricos, lo que hace que nadie haya llegado a una respuesta convincente. Es decir, no está nada claro que la hipotética separación entre Cataluña y España causase, más allá de los (inevitables) boicots, una pérdida mutua de comercio.

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